Opinión: Rosarito marchó por la paz y la justicia — llegaron seis personas
En respuesta al homicidio de Carlos Manzo, quien como alcalde del municipio mexicano de Uruapan se opuso a los delitos y corrupción en su ciudad, el sábado 15 de noviembre hubo manifestaciones en varias ciudades de México, todas en reconocimiento a un símbolo de esperanza y honestidad, en favor de la paz y la democracia.
A diferencia de la Ciudad de México que contó con miles de personas, de Monterrey, Guadalajara, Mexicali o Tijuana que contaron con un número significativo, en Rosarito, la marcha pacífica comenzó con seis personas — dos pintores, un escritor, dos activistas y un estudiante de derecho — luego llegó más gente.
No fue fácil, por la lluvia y el miedo, por estar frente al balcón del edificio municipal donde la delincuencia gobernó por 5 años (2019-2024), con una alcaldesa acusada por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos de tener vínculos con un cártel.
En Rosarito demandaron paz, cooperación internacional, inversión para el desarrollo y mayor integración regional con California.
Carlos Manzo, la razón de esta protesta, fue electo al Congreso Federal del 2021 a 2024, por Morena. Representó a Uruapan en la segunda mitad de la administración de Andrés Manuel López Obrador. En funciones, en noviembre del 2023, intervino en una acción policial que pretendía extorsionar a una mujer que iba con su hija. La respuesta de la Guardia Civil de Michoacán fue golpearlo, detenerlo, y amenazarlo por evitar un delito.
En febrero de 2024, Manzo renunció al cargo, se postuló como candidato independiente a alcalde, ganó en un estado que ha permitido la extorsión contra productores de aguacate y de limón, defendió la paz y la justicia, en un clima de inseguridad contra opositores al gobierno federal. Una situación que ha provocado miles de desplazados, algunos han llegado a la frontera Tijuana-San Diego, con la esperanza de alcanzar asilo en Estados Unidos.
Al comparar los hechos con otros tiempos, viene a mi mente José Rubén Romero, autor de la novela Mi Caballo, Mi Perro y Mi Rifle (1936), el escritor nació en Michoacán, participó contra la dictadura desde un club de intelectuales, apoyó a Francisco I. Madero, y en consecuencia fue Secretario Particular de Aristeo Mercado, Gobernador de Michoacán, cuando estalló la Revolución Mexicana (1910).
En su novela, describe a un personaje malo con apodo como de narcotraficante, El Rey de Oros, el personaje literario compraba a bajo costo y vendía al precio que quería, algo parecido a lo que ha vivido Michoacán en los últimos años.
La novela describe el final de la Revolución Mexicana, deben entregar las armas en un desfile frente al edificio del gobernador, y al pasar la brigada, el personaje central vio al Rey de Oros en el balcón, con el nuevo gobierno, le provocó más rabia e impotencia, había perdido parte de su vida, a sus seres queridos, y al final, los delincuentes ahí estaban con el gobierno revolucionario. Aparentemente, lo que había hecho no tenía sentido. Un siglo después, en lugar cercano, en noviembre de 2025, Carlos Manzo fue asesinado por enfrentar al crimen organizado, el atentado movió la conciencia de algunos mexicanos.
Actualmente, un sector de la población mexicana reclama mayor seguridad y acciones contundentes contra la delincuencia organizada; sin embargo, la presidenta de México Claudia Sheinbaum, no ha decidido entre apoyar las libertades democráticas o proteger cárteles vinculados al gobierno. Algo parecido sucede en la novela de Romero.
Saldaña Téllez es sociólogo, doctor en estudios de desarrollo global, autor de Tijuana: Walls and Borderlines y vive en Rosarito.
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